Gran Linares
Es el aire de tu tierra, Gran Linares,
la brisa emergente de la sierra,
encauzada por el valle del condado
donde el Guadalquivir empieza.
Es la mina romana de tu plomo
y el olivo robusto de tu tierra
lo que ennoblece tu caudal de historia,
que un Ángel con pasión relata.
Gracias a él, te conocí gallarda,
impregnada de sentimiento y gloria,
prendida en la pasión de su memoria
y en los ojos inquietos de su infancia.
Sobre el mapa tendido de mi España
he de llamarte “Gran Linares”
porque “grande” te puso quien te narra.
Justo al pasar Despeñaperros
avisa el horizonte de tu vista
un nido de cigüeña, antaño chimenea.
Tras las lomas de sombras y reflejos,
a la izquierda del camino que serpea,
¡allí apareces tu, callada y quieta!
Y, tal vez, por ser romana y mora tu corona,
sobre plomizo corazón extiendes
una alfombra de fértil tierra roja,
para que el olivar, omnipresente,
te culmine en verde y plata con sus hojas.
Gran linares, bien mereces
el galardón de grande
que Ángel Rodríguez te otorga.
A mi admirado y querido amigo Ángel Rodríguez.