¡Cuerpo a tierra, que vienen las elecciones!
Si hubiese un partido que cumpliera todos los compromisos electorales a pies juntillas seguro que fracasaba en una legislatura. No quiero entrar en posturas política (esa cualidad que se diluye a partir de los cuarenta) hablo de los llamados compromisos de campaña. Se crea un cisma del desencanto que defrauda a quienes esperan y agobia al resto del personal. Esto va a concluir dando relativo valor a la democracia (el mismo que acompañará sus Señorías). En teoría económica yo explicaba, no sin cierta incredulidad, que la utilidad marginal es la que reporta la última de las unidades monetarias. Pues bien, los políticos han venido a demostrar que la utilidad marginal existe y, además, es útil – de ahí su nombre-. En base a esta teoría todo debe quedar para el último minuto: el de las promesas. Durante cuatro años andan en enredos y quehaceres desconocidos, amparados en lo que yo llamo “nomenclatura” (versus Fuenteovejuna) y despreciando a la ciudadanía por distancia pero, en el último minuto, nos prometen arreglar la vida. Señores diputados, ¿no han tenido cuatro años para ello?
Al final mi agnosticismo político y la teoría económica se reafirman. Tenía razón el profesor Castañeda con su erre que erre matemático. La utilidad de la última de las porciones es útil, sobre todo, ante la masa. Y, por los resultados de las elecciones, podremos calcular el nivel de ignorancia de este país. Será lo único que saquemos en claro.
Este comentario quiero dedicárselo, con permiso del lector, a don Antonio Machado. “Españolito que vienes al mundo, te guarde dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón.”